Extrañándome

Hace varios años me di cuenta de que me extraño, ¿alguna vez has visto a alguien hacer determinada cosa o reaccionar de cierta forma que te hace pensar: “yo solía ser así” o “yo podría estar haciendo esto”? Pues es algo que me pasa con cierta frecuencia y que me hace reflexionar sobre la forma en que me extraño a mí misma.

Hace poco visité mi ciudad natal y tuve la fortuna de acompañar a una de mis más queridas amigas a una conferencia que ella impartiría, al estar allí entre el público y verla desenvolverse con seguridad y al mismo tiempo serenidad, como es ella, me vino nuevamente este pensamiento, yo solía ser así, yo podría estar haciendo lo mismo si aún viviera en mi país, yo sería capaz de hacerlo, lo fui por muchos años, pero ahora, en otro entorno, no lo soy, ¿lo volveré a ser? Y son esos pequeños instantes en los que me doy cuenta de cuanto me extraño, echo de menos a quien solía ser.

Ciertamente las personas cambiamos, nos adaptamos, aprendemos a ser felices en otras circunstancias, pero a veces esos cambios traslucen ciertas partes de quienes somos -o éramos- yo lo llamo timidez suiza, en mi caso eso es, me convertí en una persona tímida, y digo que me convertí porque considero que antes no lo era, por lo menos no en este grado. Nunca he sido alguien que se siente cómoda en una reunión llena de desconocidos y que entabla conversaciones con cualquiera, pero creo que antes era mucho más social, quiero decir, que me involucraba más en mi entorno, reaccionaba a él, formaba parte sin ser el centro de la atención. Hoy, pido secretamente que nadie me saque plática en la calle, que no me pregunten algo, quiero ser invisible. Si bien, antes de mudarme a este país yo ya hablaba uno de los 4 idiomas oficiales, la realidad es que la vida cotidiana se desarrolla en un dialecto, que, aunque es un poco parecido al idioma alemán, cambia de pueblo a pueblo o de región a región, no existe de forma escrita, es decir, cada persona lo escribe como mejor le parece y eso de comunicarse, se complica.

He sido maestra por mas de 25 años, estoy acostumbrada a pararme frente a una o 50 personas sin pánico escénico, me desenvuelvo con facilidad en estos ambientes, me muevo, expreso con mi cuerpo, con mis manos, varío mi tono de voz, lo hice por años, ante alumnos, ante otros maestros, antes directivos y nunca me había sentido tan vulnerable como cuando alguien me detiene en la calle y me pregunta algo, cuando una anciana tratando de ser amable y de romper su círculo de soledad me saca plática en el elevador. ¿De dónde salió repentinamente este sentimiento?

No me malinterpreten, me desenvuelvo socialmente en círculos que me dan seguridad, grupos de amigos suizos que conozco hace ya años, con mi familia política, pero simplemente no soy la misma que soy hablando mi idioma materno. La espontaneidad desaparece, no se puede serlo en un idioma ajeno, toma tiempo traducir el chiste, en la traducción ya no hace gracia, busco otras palabras en mi mente y al final, me doy cuenta de que han pasado varios minutos valiosos que en una conversación casual se traducen en años luz, el tema de la plática ha cambiado y yo apenas había semi descifrado como poder decir lo que quería decir. Olvídalo, me digo a mi misma, en otra ocasión será.

A veces acudo a capacitaciones que ofrece la empresa donde trabajo, llego entusiasmada pero un poco nerviosa, siempre me ha gustado eso de ir a cursos y aprender cosas nuevas, o al menos eso era lo que creía, ahora es diferente. Al llegar olvido por un segundo que todo será en alemán, bueno, si tengo suerte y no se da en dialecto suizo. Busco conscientemente un lugar para sentarme, no completamente enfrente, pero tampoco en la última fila, antes hubiera hecho lo mismo con la intención de participar activamente en la reunión, pero evitando proyectar que tal vez soy la más “ñoña” de la sala y que preferiría estar en la primera fila. El curso inicia, voy siguiendo bien el hilo, entiendo prácticamente todo de lo que se habla y entonces dirigen una pregunta a los participantes, yo, tengo respuestas, opiniones, me las cayo, trato nuevamente de ser invisible y que nadie me señale para responder, generalmente lo logro, victoriosamente evito participar, pero salgo de allí sintiéndome pequeña, tonta, infantil, en el fondo sé que no lo soy y eso me frustra aún más. Pienso, aquí nadie me conoce realmente, nadie sabe quien y como soy.

Hace un par de semanas, una muy querida alumna del curso de español nos invitó a una conferencia que impartiría para hablar de su participación como agente secreta durante la Guerra Fría, mi yo interno brincó de interés, una mujer, hablando sobre este tema tan interesante, alguien que lo vivió en carne propia y que puede ahora compartirlo, me vinieron varias preguntas sobre el tema, todo en cuestión de segundos y entonces mi cerebro me recordó que la charla sería en alemán o tal vez y muy probablemente, en alemán suizo. Entonces decidí que no acudiría y de inmediato empezó esta guerra interna de posturas: -deberías de ir, tienes que salir de tu zona de confort, aviéntate, todo saldrá bien, que flojera no entender, que frustrante no poder participar, cuestionar, serás la única extranjera en la sala, es un tema super interesante, no me gustaría perdérmelo, acéptalo, todo el tiempo te pierdes este tipo de eventos y sabes muy bien porqué-. Y así, estas discusiones internas son casi interminables, por lo menos por un par de días, hasta que decido rotundamente no ir. Una semana después, en la clase de español, le digo a mi alumna que no asistiré, decido ser honesta, padezco de algo que llamo: timidez suiza y me impide formar parte de este tipo de eventos. Mis alumnos reaccionaron preguntándome sobre este diagnóstico que yo misma me he hecho y para el cual no he encontrado remedio. Lo más común es que las personas digan algo como: -tienes que empujarte a hacer estas cosas, sólo así irás perdiendo el miedo, tú puedes hacerlo, seguramente lo entenderás todo, vamos, esfuérzate, ya verás que lo disfrutas-. Son clichés, no lo sé, es la verdad, probablemente, me sirven de algo, lamentablemente no. Y entonces escucho lo que a continuación detona otro sentimiento en mí, mi alumna me dice dulcemente: “qué pena que no vengas, me sentiría muy orgullosa de ti al verte allí” Decepción, además de la propia la ajena. Como hija de en medio siempre he querido agradar y por un segundo, esta necesidad me hace cuestionar mi decisión, pero no es lo suficientemente fuerte como para que yo confirme mi asistencia al evento. Sin embargo, el comentario sigue resonando en mi cabeza de vez en vez.

Con motivo del Día Internacional de los Museos me reuní con dos queridas amigas españolas para visitar una exposición que ofrecía una visita guiada, al llegar nos dio la bienvenida al pequeño grupo una amable mujer joven, después de presentarse nos preguntó si seria más conveniente dar el recorrido hablando alemán -y no dialecto- internamente lo agradecí y proseguimos a iniciar. Empezó hablando sobre un joven artista que hace diminutos bordados inspirados en plantas, específicamente en suculentas, apreciamos varios de ellos mientras la chica hablaba de la inspiración del artista, las formas, los colores, entre otras cosas. Luego pasamos a otra sala donde se exponían esculturas de una artista que si mal no recuerdo es de Bolivia. Nos encontramos frente a grandes piezas de arte hechas con distintos materiales como el asfalto, el fierro, la fibra de vidrio, nos detuvimos frente a una hecha con estos mismos materiales que a mí recordó a una de esas torres de extracción de petróleo crudo que alguna vez vi en fotografías. Esta escultura terminaba con cuatro picos expuestos de una varilla, los mismos que se ven con frecuencia en construcciones que no han sido terminadas momentánea o indefinidamente, la chica hizo referencia a esta varilla comentando que tal vez podríamos confirmar que esto es algo que se ve comúnmente en los países latinoamericanos mientras fijaba la mirada en nosotras tres. Continúo diciendo que la artista había dejado este material expuesto representando como las familias no concluyen la construcción de la vivienda con la certeza de que la familia crecerá, en el futuro necesitarán mas espacio y podrán continuar la construcción, metafóricamente es una manera de dejar abierta la casa para más miembros que se unirán y que es algo muy lindo. Yo pensé: vaya forma de “romantizar” la pobreza, la gente deja inconclusas las construcciones por falta de recursos, no es una estética arquitectónica especifica, ni una visión del porvenir lleno de nuevos integrantes de la familia, es escasez de dinero. La mujer terminó su discurso y nos preguntó si queríamos aportar algo o hacer una pregunta, yo tenia todo mi discurso preparado en la cabeza, estaba lista para lanzarlo, cuando recordé que lo tenia redactado en español, entonces hice lo de siempre, hice un gesto de negación con la cabeza, me di la vuelta y continuamos el recorrido.

Hay escasas ocasiones en las que me siento como la versión de mí en México, como cuando un grupo de jovenes estudiantes de español de la universidad de San Galo nos contactaron a mí y a mis compañeras fundadoras del club de lectura en español, para que les ayudáramos a estudiar para su examen final, el cual sería de forma oral y basándose en el libro Como Agua para Chocolate de Laura Esquivel. Entusiasmada me preparé, me remontaba a los tiempos en que impartía clases de literatura para jóvenes que presentarían el examen de admisión a la universidad, siempre me encantó dar ese curso. Ahora haría una mínima réplica fuera de mi país, hablando de un libro lleno de usos y costumbres de mi patria. Se llegó el día, acudimos mis amigas argentinas y yo a la cita en un edificio nuevo de la universidad el cual es un cubo de cristal, caminé impresionada por la infraestructura del lugar, la modernidad, el estilo casual y colorido repleto de jóvenes estudiando o preparando alguna tarea en pleno sábado por la tarde. Nos encontramos en la sala asignada y conocimos a las chicas que nos convocaron, iniciamos y automáticamente volví a ser ella, la maestra segura que habla en tono alto -en su idioma materno-. Hablamos sobre el libro, sus múltiples significados, mi cultura la importancia de la comida como forma de cohesión social y allí estaba yo, completa, sin versiones a medias, siendo yo.

Con mucha frecuencia noto como las personas observan con fijación mi forma de hablar con las manos, siento su mirada, fija sobre mis movimientos y trato reducirlos, así mismo aprendí a hablar en un tono más bajo en los transportes públicos, un par de veces, escondido en el anonimato, alguien lanzó un fuerte “Shhhhhhhh” mientras charlaba con alguna amiga hispanohablante, también he aprendido a reír con “consciencia social”, no suelto grandes carcajadas en público. Es parte de la integración, supongo, o de mi absurdo intento por encajar y no sobresalir en un entorno en el que obviamente no soy invisible, es mi tono de piel, mi forma de moverme, de hablar, en realidad de quien soy quien me descubre y me saca del anonimato por más que intente evitarlo.

Pero también están esos momentos en donde la gente me hace saber que siente mi calidez, mi amabilidad y eso reconforta. Cuando la diferencia es algo positivo, un pequeño gesto con alguien quien me hace saber que aprecia quien -a medias- soy, que lo he hecho sentir visto. Aprendí a extender manos en vez de dar abrazos, a guardarme los besos amistosos, a contener mis ganas de tocar suavemente con tono de solidaridad la espalda o la pierna de alguien, pero aún así y de alguna forma curiosa, mi calidez traspasa esas barreras auto impuestas.

Creo que he aceptado que aquí nunca seré quien soy en mi país, ahora soy tímida y está bien, mis logros se miden de forma distinta y los abrazos los guardo para quien me extiende los brazos. Hay dos versiones de mí y sinceramente y sin querer sonar ególatra, considero que es una pena que se pierdan de quien verdaderamente soy, y yo, de quien podría ser.

 

 

 

 

 

 


Comentarios

  1. Hola en esta vida no siempre encajas con los demás , recordemos que somos únicos, irrepetibles , diferentes, pero el quererse uno mismo , acompañarse en los momentos de soledad y aceptarse y hacer cambios si es posible para sentirse uno satisfecha, mirar los logros, cualidades, saber que tiene uno familia que te quiere y nos da gusto verte. Hay días con Sol y días Nublados , pero sabemos q detrás de esas nubes está el Sol. Ánimo y Adelante. Te quiero Muchísimo 😘

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  2. Hola mi hija amada!!
    Cómo me gusta y disfruto tu manera de expresarte en el papel, ha Sido una de tus muchas cualidades!!!
    Creo que a las personas que no hemos vivido fuera de nuestro país y entorno familiar, no logramos medir lo difícil y complicado que es. un mundo totalmente diferente en todos los aspectos y con la ausencia de los seres amados.
    Eres muy valiente!!!! Y a pesar de que compartes sobre tu timidez Suiza! Has logrado destacar como maestra, He visto lo reconocida y querida que eres por tus alumnos!!
    Cómo has logrado emprender un gran negocio, dónde se ve reflejada tu creatividad, dedicación, empeño, perseverancia y éxito!!!
    El gran club de lectura que han formado y mantenido vigente y activo por tantos años, es grupo muy bonito!!
    Continúas aprendiendo, (aunque te cueste mucho por el idioma, el aspecto cultural etc.) creciendo, viajando y conociendo lugares increíbles!!
    Te admiro y te amo!! Siempre estás presente en mi corazón y mis pensamientos!!
    No te ausentes tanto tiempo de este blog! Se te extraña!!
    Te amo❤️😘😘

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    1. Muchas gracias ma! La amo! Qué lindas cosas me escribió, a veces cuesta enfocarse en los logros y no en las dificultades, por suerte tenemos quien nos los lo recuerde. Besos!

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  3. Ay, mi morena!! Qué difícil es vivir en otra cultura y tú no solo vives en otra cultura, vives en otro idioma y aún así has logrado un montón de cosas, eres muy grande! Te quiero mucho...aunque hayas aprendido a reirte bajito para no sobresalir 🤭🤗

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    1. Muchas gracias! Te quiero! 😘 (creo que sé quien eres jajaja)

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  4. Muchas gracias por tus palabras! Un besote también

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  5. Siempre has sido “ella” y llevas contigo una parte de mi. Tú estás aquí cuando te pienso, eso me reconforta. Somos lo que somos hasta que un día ya no estemos aquí, aunque creo que después nos volveremos a encontrar. Ríe a carcajadas, habla fuerte, grita si lo sientes, llora con intensidad, abraza con el corazón y vuelve cada año porque te esperamos!

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